Mauricio Kartun, el dramaturgo de una Argentina en crisis: "La fiesta es un lugar de poder popular, de justicia y disidencia"
Fuente: elDiario Cultura
El gran maestro latinoamericano llega a Madrid con 'Baco polaco', una recreación de 'Las bacantes' trasladada a la Argentina de los años 30Nacho Duato pide la cancelación en los Teatros del Canal de una compañía de danza sostenida por Israel
Este hombre de teatro no escribe ensayos políticos, no sale en la televisión ni participa de la contienda política, pero pocos intelectuales tienen su peso en la Argentina actual. El público espera las obras de Mauricio Kartun, de 79 años, como agua de mayo. Desaparecidos los grandes del teatro latinoamericano, como Augusto Boal o Enrique Buenaventura, él ha tomado el testigo de ser faro y referente del teatro latinoamericano.
Cada tres años, como un reloj, Mauricio Kartun estrena en su ciudad, Buenos Aires. El público espera paciente sus obras en las que sabe que tras esas historias siempre situadas en un pasado difuso, y siempre con un lenguaje dialectal y extraño, Kartun les habla de lo que están viviendo, de su identidad hecha de mil tradiciones distintas, de su presente político, de aquello que no quieren ver y de aquello que quizá ya habían olvidado.
Su teatro ha llegado a cuenta gotas a España, pues siempre antepuso estar en cartel en su país. No se internacionalizó como sus compatriotas Daniel Veronese o Javier Daulte. Hace diez años llegó por primera vez a España con una obra maravillosa, Terrenal, con la que consiguió estar en cartel en Buenos Aires más de diez años, y ahora vuelve a España (Teatros del Canal de Madrid y Festival Iberoamericano de Cádiz) con su última obra, Baco polaco, un trabajo nacido del presente convulso de la Argentina.
Con Baco polaco, Kartun ha realizado un pastiche de la obra de Aristófanes Las bacantes. En esta tragedia griega se nos cuenta la venganza de Dionisio contra los poderosos de Tebas que no lo quieren reconocer y lo encarcelan. El autor y director traslada la acción al latifundio argentino de los años 30 donde una bella feriante desata, con sus discos de jazz, la bacanal allí por donde pasa. En la obra, esa bacanal popular se enfrenta al poder, la fiesta se erige como resistencia y lucha contra la violencia sistémica.
Cuenta que para esta obra fue fundamental la lectura del El manjar de los dioses de Jan Kott, el estudio sobre la tragedia griega que hiciera uno de los grandes críticos del teatro del siglo XX.
Kott es capaz de leer un texto teatral y encontrar las resonancias, los armónicos, es inspirador. En el libro, que está estructurado a través de Las bacantes, me atrapó cómo el concepto de bacanal que se enfrenta al odio, la dialéctica entre fiesta y poder. El lugar de la fiesta como el lugar de empoderamiento de lo popular donde el disfrute es también un lugar de justicia y creación de disidencia. Penteo, el poderoso rey de Tebas que aquí es dueño de la hacienda y señor del pueblo, en la obra de Aristófanes era destrozado por su madre. En esta, además de destrozado, es parte de un asado criollo.
'Baco polaco'
Escribió la obra ya hace años, la postergó ante otros proyectos. No parece fortuito que tras años en el cajón, ahora, en la situación que vive Argentina, haya decidido estrenarla.
Sin duda. En momentos de convivencia pacífica, el odio es un defecto que se oculta o que, por el contrario, se lo señala como defecto. Hay algunos momentos en las civilizaciones, cualquiera que mire la historia los encontrará, en los que el odio pasa adelante. Es decir, deja de ser lo que hay que tapar y se vuelve una presencia legitimada. Cada vez que esto ha pasado fue prólogo de una guerra. Y en este momento está pasando eso. No solo en Argentina, hay muchos lugares del mundo que enaltecen el odio, lo ensalzan, lo promueven, lo practican y hasta le dan alguna especie de connotación simpática. Para mí, lector de Historia, esto es un lugar temido. Sentí que le había llegado el momento a esta obra porque hablaba exactamente de eso, de alguien que hace del odio su bandera.
¿Cómo está Argentina?
En un momento de una siniestra singularidad. El odio está encaramado en las acciones del poder público. El Gobierno se manifiesta a través del odio y no del amor. Todo gobernante tiene cierta responsabilidad de tener una relación amorosa con el gobernado, de buscar su bienestar, su felicidad. Un ejemplo bien popular que hasta mereció una ópera rock fue, precisamente, el de Evita Perón. Sin embargo, en este momento, la singularidad de Argentina es un Gobierno que ha hecho del odio su fuerza mayor. Insisto, para alguien de mi edad y estudioso de la Historia, no hace más que prenderme luces de alarma.
Mauricio Kartun durante la presentación de 'Baco polaco'
¿Qué cree que es lo más grave que está pasando en su país?
Hay un malentendido en la Argentina por el que nos han hecho creer que un sistema financiero puede dar equilibrio a un país. Pero no es verdad. En realidad la economía es muchísimo más que su aspecto financiero. Ellos no son economistas como dicen ser, son especialistas en el accionar financiero, ven el mercado como un espacio de juego donde ganar mucho dinero. Esto significa lo que nosotros llamamos timba y escolazo [término lunfardo que significa apuesta]. Y esa concepción es imposible aplicarla al día a día de los habitantes. Si los alquileres son imposibles de conseguir, si la comida está altísima, si no hay acceso a ningún medio cultural porque el Estado no lo provee, si no se puede llegar a cierto nivel de formación porque no hay educación pública, entonces la economía está herida. La economía no es solo el dinero que entra, el enriquecimiento, sino lo que esta genera, lo que de ella sale.
El Gobierno de Milei se manifiesta a través del odio y no del amor
Aun así la nave va…
Pero es un Gobierno que ha fracasado. No han podido bajar la inflación que era su gran batalla. A pesar de que han hecho un desguace violento de todos los gastos del Estado, con el icono de la motosierra como bandera, la inflación continua. Milei volvió al Estado inactivo, recortó todos los presupuestos, trato al país como un enfermo con fiebre, le quitó toda la comida pensando que si no había calorías para quemar se acabaría la fiebre. Pues no, el país tiene fiebre. Fracasaron. Como contador de historias para mí todo tiene un planteamiento, un nudo y un desenlace. Lo que pasa es que todavía seguimos en el nudo.
Argentina siempre fue un país movilizado, capaz de luchar desde las calles la injusticia y los desmanes de los gobiernos. Eso, ¿ha cambiado?
Hay una desmovilización motivada por una decadencia en los modelos progresistas. Pero la desmovilización no es completa. Todos los miércoles hay manifestaciones de los jubilados que han visto recortadas las ayudas. Los estudiantes y los movimientos obreros siguen batallando. Lo que no ha pasado es que esas manifestaciones hayan conseguido alguna transformación. Además, el Gobierno de Milei, argumentando que cualquier reunión puede colisionar con los derechos de circulación del ciudadano, ha reprimido brutalmente cualquier protesta. Pero las movilizaciones que producen los cambios no las producen las ideologías, debe pasar algo que provoque el desenlace. Llegará y creo que en nuestro caso será un desenlace feliz.
¿No teme que pueda ser violento, que acabe en sangre?
El odio tiene un desenlace violento. No tiene otra. Siempre desemboca en el ataque al prójimo. Claro que estoy preocupado, me preocupa esa alternativa, pero espero que haya un momento en que el relato de este Gobierno entre en crisis y se pueda sentir el hartazgo, un momento donde los argentinos podamos ver que debemos salir todos juntos a enfrentar ciertas decisiones, a frenarlas. Soy optimista.
'Baco polaco'
¿Cómo han afectado las políticas de Milei al tejido teatral de Buenos Aires?
Argentina tuvo un salto extraordinario en lo teatral hace 25 años con la creación de la Ley Nacional de Teatro. Fue una cosa muy luchada, sobre todo por el campo del teatro independiente. A través del Instituto se otorgaban ayudas a pequeños grupos, a pequeñas salas que hasta entonces eran lugares de formación y a las que se ayudó a establecerse como espacios dotados técnicamente. Eso produjo una proliferación de salas espectacular y al mismo tiempo se generó más producción y creció el público. Además, el plan era nacional, se promovían las giras a provincias, los viajes de profesionales que iban allí donde había una carencia en alguna especialidad… Y esto armó un círculo virtuoso extraordinario que le cambió la cara al teatro argentino. Hoy, el Instituto Nacional de Teatro está prácticamente desfinanciado. Los subsidios son magros, por llamarlo de alguna manera, en algunos casos inexistentes. Y ha desaparecido la proyección de cursos, encuentros, formación, festivales. No se han atrevido a hacerlo desaparecer por las protestas que eso generaría, pero su presencia es hoy tan solo formal.
¿Y eso cómo está afectando a la realidad teatral, se están cerrando espacios?
Claro, espacios que funcionaban como teatros vuelven a funcionar como talleres que se alquilan para clases. Y sobre todo lo que empieza a pasar es que al no tener el aliento producido por ese subsidio también empieza a haber una merma en la producción. Produce aquel que tiene ciertas garantías. Para los creadores jóvenes se ha puesto extremadamente difícil.
El teatro empodera al individuo contra la corporación
Hace tres años en Madrid pudimos ver una gran obra, Las cautivas, de Mariano Tenconi. Una obra en que se notaba que su teatro está bien presente en las nuevas generaciones, ¿que siente cuando ve que su teatro plantó semillas que hoy comienzan a ver sus frutos?
El teatro es un eterno devenir estético donde siempre tomamos algo del anterior, ponemos algo nuestro y lo que creamos es una originalidad que tomará el que sigue. Tenconi es amigo, compartimos mucho, me gusta su teatro. Creo mucho en ese fenómeno de herencias. Así como el ADN se alimenta del abuelo y del bisabuelo, en teatro hay una herencia. Soy un gran optimista sobre el futuro del teatro, sobre todo porque empodera al cuerpo, y empodera al individuo contra la corporación. En teatro si un grupo se junta, persevera y trabaja puede crear y ganarse la vida. Y en realidad lo único que han invertido es tiempo y cuerpo. No necesita de las redes, no necesita de la corporación.
Su madre es asturiana. Pero su teatro no llegó a España hasta el 2016. Extraña paradoja, ¿cuál es su relación con este país?
Vine cuando tenía cinco años a conocer a mi abuela a una aldea de Asturias, La Isla. Pero mi relación va más allá. Los domingos de mi infancia los pasaba en el centro asturiano comiendo fabada y escuchando gaita. España siempre estuvo. Mi madre, cuando era pequeño y tenía problemas escolares me puso una maestra particular, y ella también daba clases para mejorar su caligrafía, porque su caligrafía era lo que llegaba a España en las cartas. Quería escribir cartas más bellas. España siempre fue eso: el lugar de los amores. Incluso está presente en esta obra. La imagen generadora de Baco polaco proviene de mi relación con los carnavales. Soy gran coleccionista de fotos de carnaval, una afición que comenzó porque guardaba tres fotos de mi infancia en las que sucesivamente mi madre me había disfrazado de gaitero, baturro y torero. Mi madre los cosía a mano.
Esta noticia se basa en material de elDiario Cultura.